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Foto: Horacio  Cersosimo 
 


 Escribir es al mismo tiempo un camino de búsqueda y de extravío. Lo perdido se encuentra en la escritura y lo recobrado se pierde inmediatamente después  gracias a una nueva búsqueda que no tiene fronteras claras. A veces creo que lo que me lleva a escribir es la  apremiante necesidad de crear una trama que sostenga el devenir, un tejido firme y  a la vez flexible que le haga de taparrabos al vacío. Para mí escribir es casi lo mismo que respirar, los dos ejercicios me resultan arduos y aunque respirar se suponga un hecho mecánico, no lo es: la vida también requiere un sostén y se aferra a lo que puede. Un cuerpo vivo necesita tanto de la voluntad de vivir como una escritura de la fortaleza que mantenga la continuidad. Quizá con el tiempo y la adquisición de un oficio escribir se haya vuelto para mí más fácil que respirar. Por otra parte en esta afirmación hay alivio y recompensa: lo que resulta fácil ha perdido el encanto. Pero aun considerando que exista tal facilidad se trata de una facilidad engañosa y peligrosa: el tormento de corroborar que no existe una equivalencia entre el resultado del oficio y todo eso que se despliega allá y aquí no deja de estar presente. Digo que escribir y vivir son actividades sinónimas para mí, no los resultados y con los resultados se lidia agotadoramente día a día.
En aquel lapso prolongado en el que intenté alejarme de la literatura, los años que fueron desde el 2000 al 2009,  se acumularon cuadernos garabateados a mano en muchos cajones, escrituras desordenadas que la urgencia de vivir me impidió evitar.  Así es que no eludo más la tarea y continúo con lo que la tarea provoca,  la consecuente búsqueda de publicación que no ha sido para mí ni es hasta el presente menos ardua que lo expresado antes. Daría la impresión de que esto de persistir en el oficio tiene algo de condena, una vez comenzado pareciera que si se abandona se está perpetrando alguna forma de homicidio. De cualquier modo escribir  o, en otras palabras hacer literatura, no patentiza una vida, no la justifica, simplemente le traza un horizonte.